
Este año ha tenido lo suyo en todos los planos. Si lo miro en el campo internacional ha tenido catástrofes naturales, guerras, guerrillas, atentados con alto costo en vidas humanas perpetrados por islamistas radicales (hay creyentes en el islam que sostienen que esas personas traicionan la fe con su actuar) como por extremistas de ultra derecha. En el plano nacional, un gobierno que se presentó como el paladín de la eficiencia aparece haciendo puras leseras, parece un chiste de humor absurdo, de hecho pienso en Piñera y llego a reconocer que hasta me hace reír por lo patético que es. Una sociedad que parece dar signos de que se aburrió con la tontera, claro, hay partidos y movimientos políticos opositores de distintos signos que agitan las aguas, pero nada pasaría si el gobierno no diera fundamentos para la indignación. Tan indignada y descreída anda la gente que quienes se presentan como sus representantes políticos tienen que salir al pizarrón para demostrar que pueden o no ser merecedores de tal confianza por parte de la ciudadanía indignada. Hoy, en Chile decir oposición no implica mecánicamente decir Concertación. Este panorama político-social es complicado para el gobierno y para la Concertación, sin lugar a dudas, pero abre espacios para que otras fuerzas políticas puedan lograr lo que hasta ahora no logra la Concertación: eregirse como genuino representante política de dicho descontento social. Temas pendientes son qué hacer con el modelo de desarrollo y qué hacer con la actual institucionalidad política.
En el plano más privado las cosas también han sido movidas este año, conocí una chica que me encantó aunque venía con serias heridas emocionales, me encantó su mundo, y para qué agregar más. Ella decidió, hace un mes, que nos separáramos, fue una despedida cálida, de besarse y acariciarse, como si yo partiera a un viaje del cual nada asegura pronto retorno. Hoy no puedo evitar tenerla presente en mi mente, de manera serena, de manera agradecida. Por otra parte está mi partner, aquella chica con la que encuentro la paz perpetua, con la que comparto mis momentos más altos y los más bajos (de ella y los míos),llegar al espacio que habita en el barrio yungay es todo un placer del estar, es grata la partneridad, dura más que otras formas de relacionarse, el sexo puede esperar. Todo esto me lleva una vez más a pensar en el fenómeno del amor en todas sus expresiones: del cariño, del enamorarse como un fenómeno del darse ya sea para apropiarse (el lado más ególatra del amar), ya sea para fluir y permitir que la voluntad de amar se exprese libremente (el lado más desapegado del amar). También ha sido, en ese mismo sentido, el año de la partida de mi abuela, una mujer tan íntegra, tan serena, tan dueña de su lugar, tan auténtica en su ser, fue la experiencia del dejar ir a alguien muy pero muy amado por mí. Mi abuela a quien nunca llamé así, a quien siempre llamé "mamá Marta", fue eso y mucho más, mucho que no alcancé a apreciar y que, tras su partida definitiva, a ratos intento entender para apreciar.
Sólo van siete meses de este año y de manera muy sintética inicio una suerte de evaluación, una evaluación muy breve, muy sintética, pero ya habrá tiempo para las evaluaciones más extensas.




